La función de la Secretaría de
Educación Pública y la cuestión de la arquitectura
Si bien la actividad más destacada de Vasconcelos en la SEP se da
a partir de 1921, hubo un primer nombramiento en 1914 en la Secretaría de
Educación Pública muy breve, ya que debió exiliarse, y un antecedente directo
de su cargo cuando es nombrado Rector de la Universidad de México (1920) por el
presidente interino Adolfo de La Huerta, “con facultades y acción como de
Ministerio” (Vasconcelos 1938 [1984: 21]).
Él redacta un Proyecto de ley para la creación de una Secretaría de
Educación Pública federal, ya que había sido suprimida por el presidente
Carranza, el 13 de abril de 1917. El objetivo es centralizar todo aquello que
esté relacionado con la cultura y la educación. En julio de 1921 el presidente
Obregón publica un decreto que dispone la creación de la Secretaría de
Educación Pública y Bellas Artes y Vasconcelos es nombrado secretario, cargo
equivalente al de ministro, con el beneplácito de la prensa capitalina. En
noviembre del mismo año se decide la construcción de la SEP en pleno centro de
la capital mexicana. Su principal arquitecto es Federico Méndez Rivas, pero
también se pueden encontrar participaciones de Rivera y fundamentalmente varias
intervenciones del propio Vasconcelos, modificando los planos arquitectónicos,
con lo cual su antigua vocación, a la que nos referimos en un inicio, logra
realizarse (Fell 1989: 462 y Rivera 1986: 61).
¿Qué significado profundo tenía la SEP para Vasconcelos?
“La cualidad mesiánica de su contribución puede apreciarse mejor
en el discurso que pronunció en la inauguración de la Secretaría de Educación,
un elegante edificio construido con líneas neoclásicas, con murales pintados en
las paredes de sus corredores, con estatuas de Platón, Buda, Las Casas y
Quetzalcóalt dominando el patio central para simbolizar la herencia cultural de
Grecia, Asia, España y América. Para Vasconcelos el edificio anunciaba los
albores de una nueva era, en la que México por fin ofrecía su propia voz a la
cultura común de la humanidad”. (David Brading, citado en Vasconcelos 1938
[1984: 558])
La arquitectura para él es metáfora y acción. Su lucha contra el
analfabetismo, la formación casi religiosa, misional por la dedicación de sus
instructores y la construcción efectiva de bibliotecas y escuelas se resumen en
la siguiente frase:
“Procuremos por lo menos convencernos de que la obra más
patriótica y más eficaz en materia educativa es construir, pero construir en el
sentido de edificar … Para que la civilización se organice sobre bases
fundamentales, es necesario construir de verdad, poniendo piedra sobre piedra”.
(Citado en Vasconcelos 1938 [1984: 559])
Y en esta tarea constructiva la SEP será su centro difusor. No
solamente en términos de que allí se elaboren los planes y directivas con las
que deberá funcionar la nueva concepción de educación y cultura, orientada como
cultura de masas sino porque el mismo edificio tendrá esa función fundamental.
Es en sus paredes, más específicamente en sus muros, que se inicia propiamente
la tarea de difusión del muralismo y con ello la construcción, tanto de una
nueva ideología visual como de un nuevo mensaje espiritual:
“Aquí, el lenguaje pictórico, al igual que el signo escrito,
intenta instaurar un conocimiento y una comunicación por la mirada, tratando de
dirigirse a un público más vasto que el que frecuenta habitualmente los museos
y evocando gestos y actividades que hasta entonces no habían tenido carta de
ciudadanía en la pintura mexicana”. (Fell 1989: 423)
Y esto debía darse mediante una obra de arte total. No son pintura,
escultura y arquitectura formas artísticas que funcionen como compartimentos
estancos. La escultura no es para Vasconcelos algo aislado que organiza su
propio espacio sino que “por el contrario, situada contra un muro o en el
tímpano de un frontón, (debía) aproximarse al bajorrelieve o al altorrelieve y
(debía tener) ... el mismo papel cívico que la pintura mural, aunque
vehiculando referentes mucho más ‘clásicos’ y menos ‘populares’ que los del
muralismo. Fueron la arquitectura y la escultura las que ofrecieron a
Vasconcelos la verdadera posibilidad de ‘ilustrar’ su sistema filosófico y
estético y darle además una base material en filiación directa con la tradición
nacional” (Fell 1989: 462), haciendo entrar “la educación nacional en el
período de la arquitectura” (Fell 1989: 462).
Sin duda podemos ahora pensar que las catedrales góticas, en tanto
edificios totales en que arquitectura, escultura y vitral están organizados
como un todo persuasivo, son antecedentes no mencionados por el secretario, de la
Secretaría. Las lecturas esotéricas como las de Fulcanelli (1926 [1994])
tendrían su correlato en la de Renato González (2000) pero básicamente podemos
imaginar una doble dimensión no explícita de la concepción de la arquitectura
del secretario de educación. Por un lado, podemos suponer una dimensión
elitista o selectiva, destinada a formar a aquellos que guíen y eduquen a las
masas, contrapuesto a la filosofía de la masividad del espectáculo que
sostienen obras como el Estadio Nacional. Por otra parte, sería solidaria de
esta idea la aceptación de que el edificio de la SEP sea neoclásico, mientras
que la dirección de la arquitectura que propicia la secretaria era neocolonial.
Sabido es que no le fue sencillo a Vasconcelos defender a sus
artistas del impacto que la novedad muralista presentaba. Defensa que apuntaba
tanto a los valores estéticos de las obras de éstos, como a destacar su
desinterés económico.
Ya planteamos antes que las diferencias ideológicas podían
perfectamente conciliarse, al menos en la mente del Secretario, pero además una
buena parte de las ideas de Vasconcelos, como la difusión de la enseñanza y la
exaltación del trabajo, fueron pintadas por Rivera (Fell 1989: 418). Incluso
Rivera “simboliza ese arte ‘libre, sintético y vigoroso’ que combina la
sutileza y la intensidad que Vasconcelos anhelaba para Hispanoamérica” (Fell
1989: 427). Por otra parte, es reconocida la influencia que tenía Rivera sobre
los pintores con lo cual, por carácter transitivo, a través de Rivera,
Vasconcelos actuaba sobre el resto de los artistas.
La SEP tenía tres grandes ramas o departamentos: el Departamento
Escolar, el Departamento de Bibliotecas y Archivos y el Departamento de Bellas
Artes organizadas en forma piramidal:
“Esta división trinitaria es uno de los rasgos más importantes de
la ley, pues en el Departamento Escolar se imparte la instrucción y se educa;
en el Departamento de Bibliotecas se difunde la cultura y en el de Bellas Artes
se da a esa misma cultura el coronamiento que necesita para ser completa y
alta”. (Citado en Fell 1989: 59)
De lo anterior, entonces, y en la medida en que nos atengamos a
esta dimensión elevatoria del arte puesto en la cúspide, podemos pensar al
mismo edificio como cumpliendo con esta preceptiva. Quizá podamos imaginar un
gigantesco edificio educativo que tendría entonces escuelas en su base,
bibliotecas en su aspecto medio y, en la parte superior, museos, teatros,
estadios, etc. siendo quizá la Secretaría su vértice superior. Lo que
ciertamente se verificó fue que el modelo tripartito se repitió en las
escuelas.
“En la planta arquitectónica de las escuelas primarias construidas
por nosotros, cuidamos de dejar impresa la norma interior de la ley que
entonces regía la educación. En efecto, nuestras primarias eran un producto de
la labor de los tres Departamentos fundamentales”. (Vasconcelos 1926: 187)
La construcción de la SEP aparece como una empresa estrictamente
nacional ya que además sólo se aceptan operarios nacionales. Es así que “quisimos
que esta casa fuese, a semejanza de la obra espiritual que ella debe abrigar,
una empresa genuinamente nacional en el sentido más amplio del término;
nacional no por encerrarse obcecadamente dentro de nuestras fronteras
geográficas, sino porque se propone crear los caracteres de una cultura
autóctona hispanoamericana”. (Boletín de la SEP, i, 2 Setiembre de 1922 p.7.,
citado en Fell 1989: 412)
Este pensamiento, que también perfectamente podemos llamar mágico,
ya que no está eligiendo sólo operarios mexicanos por una cuestión económica o
social sino espiritual, es acorde con las concepciones que el secretario
desarrolló en sus escritos, que ya comentamos, y ayuda a concebir a la SEP como
la máquina central de esta operatoria de cambio de la sociedad mexicana.
También la SEP será un polo difusor de una nueva y recuperada
concepción de la arquitectura que transformará a la sociedad. La Secretaría
como edificio-símbolo muestra que “la Revolución ha entrado en su etapa de
madurez ... México, como en el siglo XVIII, recupera su genio creador, que se
encarna en esas nuevas catedrales laicas que son los edificios públicos y las
construcciones escolares” (Fell 1989: 458). La SEP era la encarnación en piedra
y cemento de una nueva organización moral, de un Proyecto Nacional construido e
ideado por mexicanos y que al abrirse a Hispanoamérica con su defensa del
mestizo, da muestras de sincretismo cultural.
Fell observa que los objetivos de la arquitectura y la escultura
patrocinadas por Vasconcelos son:
“Cimentar una cultura sobre una tradición iberoamericana de la
cual será al mismo tiempo la prolongación y la superación; materializar
mediante estatuas un humanismo espiritualista que tiene su fuente tanto en la
antigüedad griega como en el pensamiento de Nietzsche (a través de la oposición
entre ‘lo apolíneo’ y ‘lo dionisíaco’) y que permita abrir la cultura
‘nacional’ a lo universal; simbolizar un ideal, pero también probar la
creatividad y la eficiencia de los arquitectos y los artesanos mexicanos; hacer
accesibles al pueblo edificios públicos y escolares donde no se sienta fuera de
lugar”. (1989: 459)
Vasconcelos aparece como el generador y reivindicador de una
arquitectura autóctona, llamada tanto arquitectura nacional como arquitectura
neocolonial, que seguía la propuesta hecha por los arquitectos Jesús Acevedo y
Federico Mariscal, parcialmente coincidente con la que Fell sintetiza, y que se
puede reducir a estos cinco valores:
1. Latinoamérica como síntesis humana.
2. El concepto de hispanidad contrapuesto al de raza anglosajona.
3. Un hombre mexicano capaz de bastarse a sí mismo y emplear su
energía en el bien de los demás.
4. El industrialismo al servicio del espíritu.
5. La mexicanización de la ciencia y del saber.
Y fue a través del Departamento de Construcciones de la Secretaría
desde donde Vasconcelos impuso dicho estilo que incluso se continua hasta la
actualidad (González Gortazar 1994: 47-49).
En síntesis, en este capítulo hemos intentado mostrar la
importancia que tenía la arquitectura desde los primeros años de nuestro autor,
incluso funcionando muchas veces como formadora de su propia identidad. Su modo
de ver el mundo en términos de lo que podría llamarse su “inteligencia
espacial” (Gardner 1993) está continuamente activado como lo muestra, tanto por
sus descripciones como por sus valoraciones. Pero también por el reconocimiento
de los efectos de la propia arquitectura de los diferentes edificios por los
que transitó su niñez y juventud. Esto apuntaba a mostrar los antecedentes de
lo que fue su obra arquitectónica posterior, la Secretaría de Educación
Pública.
Nuestro análisis del pitagorismo y el neoplatonismo, filosofías
que Vasconcelos estudio y reinterpretó, estuvo dirigido a encontrar allí
argumentos para dar cuenta de lo que representa el arte y la belleza y la SEP
para el secretario y los posibles efectos que la misma podría tener en sus
contemporáneos. La posibilidad de incluir influencias mágicas, por muy extrañas
que parezcan, no creemos que sea, si uno se atiene a una relectura cuidadosa de
algunos textos, fácilmente excluible.
Todo esto está dirigido en nuestro trabajo a justificar, aunque no
a probar –si ello fuera posible- que la Secretaria,
el edificio, pueda ser entendido como un operador de subjetividad, sino en la
práctica, al menos en las intenciones no suficientemente explícitas del
secretario y futuro candidato a la presidencia mexicana. Y en esto podemos
trazar claras líneas de equivalencia con el Panóptico y el dispositivo
catedralicio.
Vasconcelos es un filósofo al que podemos considerar de fuerte
cuño platónico. No porque defendiese algo así como una duplicación entre
esencias y formas sensibles. Sus antecedentes filosóficos, aunque no muy
alejados de esta posición están con otros pensadores. Es platónico en el
sentido de La República. El filósofo dedica sus actividades a la reforma de la
polis y se reconoce en éste el lugar del saber y, en tanto tal, el del poder,
aunque por su propia naturaleza quiere estar más allá de estas funciones
estatales. La dedicación de Vasconcelos a la filosofía quiere trascender por
tanto su función pública o como cita Fell:
“El fin último de la vida –dice Vasconcelos en 1922– es algo que
trasciende y que supera a los más importantes propósitos sociales y esto nos
obliga a meditar en el objeto verdadero de la vida y en lo que deberemos hacer
así que hayamos conquistado la riqueza y el poderío”. (1989: 22)
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